Corríamos, por supuesto no lo hacíamos literal.
El deporte no es para nosotras. El movimiento, la coordinación, hasta la ropa deportiva nos baila. Nos queda grande. No nos va. Nos basta con ver a la gente que hace deporte para ratificarlo. Gente feliz. Corríamos.
Corríamos entre nuestro sentir. En el aullido que late por salir, en la atmósfera de tanta tristeza. Lo hacíamos para evitarla, pero también para ser parte de ella. Había, hay, siempre hubo, un imperativo de felicidad que le molestaba …
Es que las muertes, las muertes grandes, reales, presentes, pero también las pequeñas, minúsculas, cortantes, ausentes, performan. Nos hacen. Nos contornan.
Y a ella, que de resistir embates tenía espesa piel; a ella, que de contar dolores no había tabla pitagórica que la desvele, a ella lo que la sacudía era la quietud.
Nada más aburrido que una vida tranquila. Nada más escaso que la abundancia de rutina. Los días transcurrían con la pretensión de no ser similares. Cualquier similitud era un llamado a su necesidad imperiosa de salir. 17Salir afuera, salir de la conversación, salir de la jugada. Salir a pesar de todo. Y con todo. Pero, claro, no siempre se puede salir. Y a ella, que cual pájaro sobre y vuela, ella, que de tejidos tiene el alma en red, a ella estas páginas le espejan. La convierten en lo que era desde siempre. En lo que es. Escritora nata. De las que nacen sin darse cuenta. De las que traducen en palabras lo etéreo y los estéreos también. De las que son observadoras participantes, como si los oximorones de vida se presentaran patentes. Y no. De la bañera con agua a la casa seca. De la explosión a la medusa que sangra. De la mujer triste al cuerpo. Del cuerpo a la mujer triste. Querer leer la vida a través suyo. Mediante un eclipse azulado. Salvando lo (y de lo) invisible. El alivio de las palabras desordenadas para no soltarse en los sueños consumidos. Profundo y enredado. Con piedras. Aferradas a los días. Sin saber qué hacer con tanta humanidad. Con el frío. Con la pena. Con la risa y el silencio. Con el hombre sustento. Plena. Fácil. Digna de ser nombrada. Destinada a exhibirse. ¿Este libro? sus baladas y arte dibujado, su menta fuerte, la cualidad del encanto.






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